Tripulación, listos para el despegue por Jorge Luis González

 



Buenos días señores pasajeros, les habla el comandante Álvarez, les doy la bienveni… a bordo. Éste es el inicio de nuestro vue… con des… a la ciu… de Buenos Aires. Les rue… pon.. su equi… de mano en los compartimientos superiores o por debajo de los asientos. A conti… se les ha… una de…tración del uso de los respiradores en caso de emergencia…

 (“Armar toboganes y Cross-Check”)

Has tomado el último avión con rumbo a casa. No estás seguro si por ser el último vuelo es un alivio o te traerá dolores de cabeza durante el trayecto; la Ley de Murphy dice que si algo puede salir mal, inevitablemente sucederá. Así que tratas de no pensar en estas cosas pues, con sólo pensarlas, quizá cambies el rumbo de los acontecimientos.

Señores pasajeros, procederemos a despegar en aproxi… 20 minutos. Por favor, abróchense los cinturones y pon… en po… vertical sus …sientos. Apa… los celu… y cualquier otro equi.. duran… el des… Les recordamos que este vuelo es… no fu... Vo… a diez mil pies de altu... con una veloci… promedio de 800 kiló… por hora. Les deseamos buen viaje.

(“Cabina asegurada”)

Ahora que el avión se mueve por una serie de vías rumbo a la pista de despegue, oyes al piloto decir a las azafatas que ocupen sus lugares. El avión ha virado ligeramente. (“Entrando en pista para el despegue”). Entonces, sólo entonces, oyes  y sientes la vibración de los motores a máxima potencia, tu cuerpo se sacude, se recorre hacia atrás y fija al respaldo de tu asiento, los vellos se te erizan, el golpeteo de las ruedas del avión al desplazarse por la pista se desvanece, el sonido agudo e intenso de las turbinas lo sientes dentro, muy dentro de tu cabeza, en este preciso instante la aeronave flota y se inclina hacia arriba pronunciadamente. Tiempo después, escuchas como las llantas del avión se guardan en su compartimiento.

Siempre fuiste renuente a volar, pero no te quedó de otra cuando entendiste que para viajar lejos, hacerlo en auto, camión o barco te tomaría días, meses o dadas ciertas condiciones, sería imposible hacerlo. Sin embargo volar es un placer, es toda una experiencia, te la pasas bebiendo, leyendo, comiendo, durmiendo, viendo tele, otra vez durmiendo… Si no se te afloja el estómago todo es tan grato que pareciese divertido tomar vacaciones para estar sólo unos días dentro de un avión. Pero son las turbulencias las que te hacen recordar que vas a quince mil metros de altura y eso no significa nada sino calculas que en proporción serían unos  70 hoteles RIU por encima de la tierra y, a esa altitud, cualquier falla mecánica o error humano, sería fatal; incluso si quien dirige la nave es el capitán Sully o si vas en el Air Force One.

Aún te llega a la memoria aquella vez que volaste a Los Ángeles. Ya habían servido el desayuno, el piloto pidió ocupar los asientos, todo tranquilo, luego, una ligera turbulencia, después un zigzag, y entonces sentiste ese vacío en el vientre que se produce cuando desciendes súbitamente de un sólo tirón, lo llaman caía libre, estado de ingravidez, gravedad cero; aunque sólo fue por unos segundos y todo estuvo en orden, el café ni una sola gota derramó, tú estabas pálido.

El avión sigue subiendo, sientes esa opresión en el pecho, en tu cara, en el resto de tu cuerpo. Te calma la idea de que la gran mayoría de los accidentes aéreos suceden al aterrizaje y no al despegue. De cualquier manera, si tuvieras oportunidad pedirías un poco de vino tinto para relajarte, pero las bebidas se sirven una vez que el despegue ha concluido y vas a velocidad crucero.

El avión hace un giro pronunciado a la derecha, luego otro más suave a la izquierda, la aeronave sigue subiendo y tú con la cara de espanto al cielo, no esperas llegar allí y quedarte, sino arribar lo más temprano posible a tu destino. Si por alguna razón el que va a tu lado abrió la cortina de la ventanilla, el sol entra a plomo por un costado y te cubre el rostro con su luz, cierras los ojos, el avión continua subiendo sin parar, hasta que más tarde empieza poco a poco a nivelarse de forma horizontal. De pronto, escuchas un ronquido en el asiento trasero, ¡no puede ser!, ¡cómo alguien puede dormir tan profundamente en un avión!

(“Se apagan las luces de los cinturones”)

Escuchas apagarse la señal de advertencia, momento después, se oye cómo los cinturones de seguridad se desabrochan, los pasajeros empiezan a moverse, unos se levantan, otros se estiran, la pantalla frontal se enciende, duerme el que sigue roncando, otros más se mueven de sus asientos para ir al baño. Y parece como si, en el interior del avión, todo volviese a la vida de nuevo.

Viene a tu mente aquel primer vuelo que hiciste en Singapur Airlines, las azafatas con su carita de “Hello Kitty” eran tan lindas y serviciales que por un momento pensaste que ellas mismas te pondrían las pantuflas relucientes que esperaban en tu asiento. Que también limpiarían tu rostro y manos con esa toallita caliente, para luego, preguntarte en un inglés claro y educado si estabas cómodo o si necesitabas alguna almohadilla adicional para el viaje.

El avión es el transporte más seguro del mundo, dicen las estadísticas; sin embargo, cualquier circunstancia que pasa de lo normal al terreno de lo extraño, es para quitarte el sueño.

Recuerdas aquel vuelo por el Pacífico, el capitán anunció que habría turbulencias, sucedieron  las primeras, una tras otra, tu cabeza empezó a moverse de un lado para el otro, la gente comenzó a quejarse, luego a gritar y ya no supiste si todavía era normal o algo grave sucedía.

Después te llega a la memoria aquellas historias de tus colegas: “…que yo casi tomo el vuelo del avión que estalló en la pista de despegue en Taiwán”; “…que mi jefe en Alemania murió en la aeronave que el piloto estrelló deliberadamente en los Alpes franceses”; “…que algunos empleados de la empresa donde laboro estaban en los aviones que se impactaron en las torres gemelas”. En fin, cuántas historias de aeronaves conoces y quisieras olvidar para que este vuelo, donde vienes, lo puedas disfrutar como dice el capitán; sin pensar en que sería el próximo caso que aparezca en el programa de Accidentes Aéreos del History Channel, que por cierto no te lo pierdes por nada.

En este momento estamos cruzando la Cordillera de los Andes. A su derecha pueden ver el Nevado del Ruiz y más ha… el sur, el Ne… de Santa Isabel.

 

 

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